Capitanes: la honra es para Dios
“Mas los justos serán premiados con el bien”.
Proverbios 13.21
Soy creyente hace más de diez años. Miro la vida con esperanza y propósito, pues sé que nada es imposible sí uno tiene fe y cree en Dios. “Se moverán montañas”, establece el Señor...
Contrario a la mayoría confié que “Dios haría el milagro”. La impresión generalizada era que tan solo el socorro de lo Alto podría evitar lo que a todas luces parecía una derrota.
Muchos dudaron. Sin embargo, Dios se glorificó en medio de la tribulación. Una victoria que, lejos de lo efímero de una celebración pueblerina, de premios, homenajes o trofeos, manifestó la justicia divina y confrontó a los incrédulos con la realidad de Su Poder...
En la medianoche del sábado 28 de junio comprendí que Dios sí estaba presente en el asunto. Puede que usted difiera y diga que Dios no se mete en el deporte. No importa, firmemente creo que se hizo evidente la promesa de “no dejar en vergüenza los suyos”...
Luis Monrozeau y Ángel Edgardo García saben de qué hablo y hoy son testigos de la obra. El gesto único de creyentes maduros en doblar rodillas en medio de la tribulación y procurar esa intimidad con Él para buscar dirección y paz dice mucho de quienes están al mando de los campeones...
En un viernes aciago, de caos, confusión e incertidumbre, y tras un desacierto liguero, el presagio para los Capitanes y sus huestes era uno de muerte; de angustia, dolor y sufrimiento...
El ambiente era tenso, cargado y de pesimismo extremo. Y no era para menos.Sin Rodney White ni Karel Rosario, refuerzo y comunitario, Carolina -se anticipaba- celebraría en el redondel del Coliseo de Arecibo con el trofeo de titular del BSN.
El apóstol Pablo le dijo a la iglesia de Éfeso: “Nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra principados y potestades; contra los gobernadores de las tinieblas”,
Y aunque se trataba de hombres y dictámenes, de canasteros en lucha por un campeonato, la investidura de Cristo ante la injusticia fue indiscutible sobre el tabloncillo. Justamente en el mismo lugar que sirvió de plataforma de adoración y alabanzas antes de cada juego...
A minutos de iniciar el partido le confesé a Gustavo Cañas: “Gana Arecibo; marca mis palabras”.
No lo hice para estimular al asistente de los Capitanes, en cuyo rostro había preocupación. Esa frase también se la comenté a mi esposa en ese inolvidable viernes sin ninguna vacilación.
Era obvio que la adrenalina y la fuerza que generan Pachy Cruz, Buster Figueroa y David Cortés harían posible lo imposible para unir al grupo y no defraudar a su leal fanaticada. “La casa de Manuel se respeta” era la consigna...
Pero dentro de ese esfuerzo humano, del deseo de guerreros en desventaja, era necesaria la presencia de Aquél que todo lo puede para cimentar el triunfo para un pueblo sufrido. Castigado por el imperio y sin derecho a ser escuchado...
Antes del juego evoque el libro de Salmos e hice referencia a la conocida historia de David y Goliat, creyendo fielmente que la misma se repetiría.
El relato de Salmos, capítulo 17, muestra la férrea voluntad del pequeño hijo de Isaí, quien enfrentó al atormentador filisteo y con el lance de una piedra defendió el honor de su pueblo.
En esta ocasión el escenario era uno distinto. En vez del valle de Ela, la lucha sería en un rectángulo de madera. No habría lanzas, espadas, piedras ni hondas, sólo coraje, defensa, garras y puntos.
En vez de filisteos e israelitas, era Carolina contra Arecibo; la metrópolis de Goliat frente al corazón y empuje de un equipo comandado por David; no de de la tribu de Judá, sino de Toa Alta.
Inerte quedó el espíritu del Gigante ante un corajudo Capitán: 99 a 94 fue el resultado. Y el pueblo arecibeño se desbordó en llantos en acción de gracias...
La abrupta caída de Carolina, con su equipo completo, incluyendo a cuatro jugadores del Equipo Nacional más su refuerzo, era vencido por una escuadra criolla, diezmada, pero jamás en derrota....
Todos los factores se conjugaron para esa noche especial que aún se celebra. Con cría, valor, sentimiento y muchas oraciones el Gigante cayó al suelo en cancha arecibeña.
Y en mi mente está presente el grito que afloró de los más recóndito del pulmón de Edgardo García: un ¡Gloria a Dios! particular y sutil....
El Equipo del Pueblo. Así se les bautizó a los Capitanes en 2007 tras perder en tiempo extra frente a Santurce. Hoy son los campeones y su gente lo disfruta al máximo.
Pero sobretodo, la honra es para Dios que hizo realidad lo que a muchos les parecía imposible...
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